Capplannetta y las vacaciones

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Cuando me iba yo de vacaciones, ya fuese en España como en el extranjero, nunca pensaba en los que no podían, o porque trabajaban o no tenían dinero, o porque su enfermedad se lo impedía. Ahora sí pienso, y bastante. Ahora con esta calor insoportable y el encierro en casa comprendo muy bien la otra cara de la moneda. Cuando antaño me iba de vacaciones parecía como si todo el mundo se fuera y no pensaba quienes tenían que trabajar, quienes estaban impedidos, quienes no tenían dinero. Salíamos todos en tropel con los coches por las autopistas e intuías una alegría extraña y parecía como si todos esos coches, o los pasajeros de un vuelo determinado, tuviesen un mismo destino compartido: el paraíso efímero. Y todos íbamos felices, y hasta algunos saludaban al sobrepasar tu coche, o en los pasillos del avión algún pasajero te sonreía, y todo era ilusión y el verano era azul y éramos maravillosos. Pero en este lado de la moneda, la de ahora, la cosa es muy distinta. Nos quedamos en nuestros hogares, frente a nuestros ventiladores, leyendo un libro, viendo una película, oyendo música, pero el verano de ahora es gris, y pasa muy lentamente, es aburrido y está plagado de ansiedades y de frustraciones varias. Entras en las redes sociales y todo el mundo goza de una alegría colectiva que ha dejado de pertenecerte hace algún tiempo. Pero no es envidia lo que siento, presiento que he dado de bruces con la realidad, la verdadera. La realidad de que este mundo da muchas vueltas, y lo que hoy es suerte, mañana es tedio, y lo que hoy es tedio quizá mañana sea peor. O también mejor, quién sabe.

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