Capplannetta y los libros

Posted on 1:28

Ahora, en estos tiempos que corren, los amantes de los libros son como una especie rara. Los que disfrutan leyendo me comprenderán, ya que mucha gente se pierde lo que es el placer de la lectura, y lo que es un libro de importante para la vida de personas que debido a la soledad, por enfermedad, por amor a la lectura (vuelvo a repetir), por culturizarse, por incrementar su alma de saberes, por cualquier factor, sea éste cuál sea, la lectura es una forma de saber, de distraerse y también a modo de compañía. Cuando en esos momentos que te inunda la soledad, la ansiedad hace mella, empiezas a desesperarte y cae un libro en tus manos (incluso si vas a su encuentro), comienzas a leerlo y entonces empiezas a abstraerte entre sus páginas imaginando mundos desde tu sofá, ya sea por la mañana, por la tarde, en el silencio de la noche. Un libro es un compañero que siempre te será fiel, mientras las personas suelen fallarte, un libro no lo hará jamás, un libro es una liberación, una válvula de escape, con un libro en la mano eres poderoso, eres el enemigo de políticos, de banqueros, de jerarcas de todo tipo, porque mientras lees a la infinidad de autores que existen estás siendo contrario al pensamiento de la mayoría, y eso, amigos, es difícil de llevarlo a cabo, pero con un libro en las manos estás dando alas a tu pensamiento, y lo haces en pro de una mente libre. Los libros son cultura y un agravante de conocimiento porque te acercan a la verdad más elocuente.


Pero un libro es algo más que unas páginas de papel y una portada y una contraportada y un lomo. Un libro es arte. Diagramar, editar, y crear un libro en sí es cosa de artistas, sólo un determinado grupúsculo de gente comprende el placer que supone tener un libro de artista, o una primera edición dedicada, incluso las puedes encontrar en las librerías de viejo, aunque es triste encontrar un libro dedicado en una librería de libros de segunda mano, o compartido entre dos personas y firmado por ambas, o incluso amarillento. A mí me suele ocurrir que cuando estoy en mi modesta librería (acumulada con esfuerzo) siento placer. Puede resultar gracioso, pero cuando me veo rodeado de libros, de mis libros encuadernados en piel y con acabados en pan de oro, de mis primeras ediciones, tanto de amigos como de conocidos, de mis libros antiguos, de libros publicados por mí, autopublicados y perdidos ya aquellos archivos de los poemarios primerizos, o libros de alguna novela mala que autopublicaste en su momento, o libros regalados, que guardas con especial cariño, siento un placer tan grande que me da un subidón de endorfinas. Libros, libros, el mundo necesita pan, hay mucha hambre en el mundo, pero algunas veces en países que no tienen hambre de pan carecen de hambre de libro. Por eso, quienes regalan un libro, están siendo generosos con quien le regalas el libro. Lo malo es cuando te piden un libro prestado, se te queda un trozo de tristeza porque algo te dice que no te lo devolverán, y si no te lo devuelven da rabia, pero si te lo devuelven es señal de doble agradecimiento. 

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