Capplannetta peligrosamente

Posted on 5:08


Capplannetta tenía un amigo con el que ensayaba flamenco-fusión. Este amigo estaba con una chica pianista de jazz, el amigo se llamaba Xavi, su novia, Gemma, a Gemma una noche le tocó hacer un bolo (pequeña actuación) en Barcelona, en un piano bar en el centro de la ciudad. Gemma tocaba el piano (divinamente) en un trío de voz, contrabajo y piano, esa noche tuvieron que ir a buscar con el coche de Gemma a la contrabajista Txell, una chica seria pero muy guapetona, allí en el piano bar se encontrarían con la cantante, la cantante, una excelente intérprete con influencias tipo Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Etta James, etcétera, era catalana, aunque cantaba en un inglés fluido. El contrabajo es un instrumento que no suena muy fuerte pero de grandes dimensiones, y en el Dos Caballos de Gemma no cabía tremendo trasto, se le ocurrió a Txell que alguien fuese con ella en su moto y que aquel que fuera de “paquete” tenía también que portear al gigantesco armatoste; Xavi se fue en el ridículo coche con Gemma, ¿a quién le tocó la pejiguera? A nuestro amigo Capplannetta, por supuesto, ya ven a Txell y a Capplannetta sorteando el tráfico con el contrabajo dichoso y todo Dios mirándoles. Era un espectáculo aquello. Capplannetta se acordó de Charles Mingus, de Avishai Cohen, y se dijo: -cómo sabe Marcus Miller, que eligió el bajo en lugar del contrabajo. Txell tocaba el contrabajo mejor que conducía, y Capplannetta estaba compungido por el miedo, más bien aterrorizado. Sentía que si tuvieran un accidente la parte peor iba a ser para él, así que trató de guardar la calma e intentar de llegar a su destino. Al final tuvieron una velada que estuvo muy bien, hicieron un buen concierto, luego había que volver pero el alcohol que bebieron les dio valentía y predisposición. Txell le dio las gracias dándole un beso en la mejilla, Capplannetta iba a pedirle el teléfono pero tenía novio. Nunca más, se dijo Capplannetta. Después del trabajo arriesgado que le dio esa noche el ataúd por contrabajo que poseía la gran artista de Txell, Capplannetta no se comió un rosco. Cosas que tiene el jazz, vives peligrosamente, el vértigo de esa noche lo hizo inolvidable. 

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