Capplannetta y la Navidad con fantasmas

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Llega la Navidad y con ella llegan todos los fantasmas que han estado recluidos todo el año. Haces una comparativa entre las Navidades de antes con las de ahora y llegas a la conclusión de que sobra gente. Yo soy una persona con mis manías, que se acrecientan  con los años, pero se suman a la familia intrusos con otras costumbres, con ciertas perversiones, que saben mover el tablero de la maldad con más astucia que la tuya, y estás atado de pies y manos, pues quizá el intruso sea éste que les narra y los demás conspiren en un juego donde unos con otros se pisen los pies de barro, y el final no lo conoces pero lo intuyes, lo único que consigues es que pierdas el juego y te trague el barro, y tú solo te lamas las heridas mientras que en tu soledad rememoras los fantasmas que te hirieron. Es una lucha que antes de las Navidades o en cualquier otra festividad ya la tienes perdida de antemano, porque revelándote haces daño a quien quieres, y aún revelándote los que quieres se decantan a la contra de tu lucha cuasi personal, y es una injusticia que en todas las caras de tu familia siempre habrá un perdedor y ese perdedor es quien menos entiende las reglas de ese macabro juego, donde debes ver, oír y callar; ese perdedor siempre serás tú. Siempre son los locos los culpables y los perdedores de todo perverso juego especulativo, es como luchar contra el aire, no lo ves pero lo sientes, no tiene visibilidad pero es palpable, es luchar por una causa que no existe, son molinos pacíficos en apariencia pero gigantes nocivos bajo el negro terciopelo de la locura. Somos Quijotes maltrechos que en pos de la justicia acabamos mordiendo el polvo y somos de la gran novela del mundo el estigma incurable y perenne de la locura junto con la risa fantasmagórica y vil del lejano espectador que dispone de las reglas del tablero. Lleven la fiesta en paz, y mi consejo es que se rían del juego pero sin tocar el tablero, en esta vida la única derrota es que todos subimos y también caemos, esa es la única parte justa del juego, se nos da la vida, pero también se nos da muerte. Entregarse hacia la bondad es el único camino por el que trazar, si caen entorno a una debilidad incontrolable luchen para que vuestro corazón no sea pasto de las llamas que parten desde la raíz de vuestras propias debilidades. Felices Navidades fantasmales.

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