Capplannetta y las maneras de vivir

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Este fin de año no lo celebré con mi familia, exageré una gripe para no tener que desplazarme al pequeño hogar de mis padres. Y si os dijera, de una vez por todas, que mi casa no es mi casa ya. Han cambiado los muebles de sitio, se ha incorporado a la familia gente nueva, y yo no soy aquel que era. Hoy se celebra el día de la mujer trabajadora, y sí, trabajan mucho, demasiado, y viven algunas de manera independiente, otras atadas a hijos, maridos machistas, pero en cuestión de celebraciones, faltan días en el calendario para endosarlos a una causa no resuelta. Nuestra vida capitalista nos ha endurecido el alma. Ahora la conmiseración se ha convertido en una manera de hacerte el solidario aportando una pizca de buena fe para causas que ahora se manifiestan bajo el influjo del aniversario o efeméride hipócrita y con el ser mezquinamente podrido. No creo en la familia como institución, esa institución está en decadente tiempo de miserias emocionales, de presuntuosas maneras de vivir, de confuso resentimiento y de agravado sentido de la propiedad privada. Hubo una vez un muchacho que vivía porque tenía familia, la familia se fue disgregando y descomponiendo sus lazos de unión, pues unos iban enfermando y otros muriendo de toxicidad, quedaron los resortes de la soledad esperando en cada expectante renglón en cada episodio de esa novela río, porque, se enemista la familia, la familia se fragmenta cuando los pilares de ésta se evaporan. Se convierte en puro egoísmo la puta familia. Por eso la atomización, por eso la misantropía y otras causas que no diré porque harto estoy de repetir la misma canción.

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