Capplannetta y el amor perruno

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Hace años que no tengo perro, el último que tuve murió atropellado por un conductor temerario. Se llamaba Teco, aunque lo trajeron mis padres para hacerme compañía, no pude atenderle como se merecía y pasó a manos de mi hermano y su familia, hasta que le ocurrió el fatídico desenlace. Era de raza Chihuahua, muy arisco al comienzo, después nos agarremos cariño el uno al otro. También tuve otro que se llamaba Urko, que se llevó mi exmujer a Perú y por allí anda, me dijeron que ha sido padre varias veces. Lo recuerdo en la tienda de animales siendo un cachorro como era de juguetón y tenía una gracia especial ese perro. Después creció y pasó por varios cortes de pelo, éste es un Yorkshire que cambió de patria mientras yo acababa con mi matrimonio. También tuve otro en casa de mis padres, Rocky se llamaba, vino ya crecidito a casa y con un trauma, si te acercabas a él con las dos manos gruñía y hasta podía morderte. De joven su persona preferida de la casa fue mi hermana, mi hermana se independizó y yo que tuve que volver a la casa de mis padres por motivos que no diré, pues volví con mi recién esposada mujer y estuvimos allí cerca de un año más o menos, y a mí Rocky me quería mucho, pero al que más quería era a mi padre, ya que era el que lo sacaba a pasear, se pirraba por la calle. Recuerdo una vez que lo arrinconaron tres Bóxer babosos y apunto estuvieron de zampárselo. Era un canelo, un perro sin raza, pequeño y negro como la noche. De pequeño, en mí más tierna infancia, tuve un perro grande y bueno que se llamaba Sultán. A él lo sacrificaron porque estaba repleto de garrapatas y temían que algún niño saliera con alguna de ellas, y descubrí entonces lo que el ser humano puede ser de bruto y estúpido. También sacrificaron por mi amor perruno a un perro parecido a Rocky pero callejero, ya que me mordió y me tuvieron que vacunar de la rabia y el tétanos, no quería que lo sacrificaran, y menos por mi culpa, yo me opuse, aunque no hubo manera, la autoridad había sentenciado al pobre animal. Ahora hay una nueva perra en casa de mis padres, se llama Kira, y es una canelo, pero es bonita, blanca y muy juguetona. Admiro a la gente que cuida bien de los animales y de la naturaleza, son personas con arraigo a la tierra donde pisan y denotan una sensibilidad que hace tener la esperanza de que otro mundo es posible. 

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