Capplannetta y el ambarino

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Me sigue esa imagen desde la niñez. Un ambarino color como el de la coca-cola al trasluz. Me persigue esa imagen que ha evocado con efluvios como si fuesen ellos una parte de un futuro no tan remoto. Bien, pues el ambarino es el hoy, pues tras haberme regalado mi madre una lámpara de sal ha quedado la sala de estar tras la llegada de la noche con ese ambarino presentido o efluvio que rezuma de oscuridad y preámbulo de algo que me ha acompañado siempre. Quizá sea la muerte pero, venga va, no nos pongamos derrotistas, quizá sea el hecho que, esperado o no, me ha hecho un ser maduro, que aunque con gran retraso, llegue en un momento especial que sin yo saberlo lo esperaba. ¿Vendrán buenas nuevas? ¿Es la señal de que aún estoy en el camino? La primera vez que tuve ese presentimiento es mirando muy pequeño el trasluz de la coca-cola que se estaba tomando mi padre. La segunda vez fue cuando me invitaron al cumpleaños de un niño que mi padre atropelló en el día de la Madre. La siguiente vez las recuerdo de adolescente en la discoteca, esa luz ambarina que tienen los reservados para parejas. Las siguientes veces bebiendo un whisky con coca-cola en un bar ya de adulto. Dios mío, esto parece un anuncio de Coca-cola. No, en serio. Es un ambarino de luces entre marrón y una oscuridad apacible. Piensen lo que quieran, pero también puede ser que esté en la mierda más absoluta. Fuera bromas. Ese Ámbar especial lo he encontrado ahora, y ahora gozo de una paz tardía aunque no remota desde que la presentí en aquella primera vez. De verdad les digo que esto no es que sea un presentimiento, pero todavía no he hallado la plenitud total. Recuerdo de adolescente que una niña se resguardaba de la luz solar con un trapo de terciopelo negro. Se lo ponía en la cara, y al parecer, la suavidad del terciopelo le causaba cierto placer. ¿Tiene eso algo que ver con lo que me ocurre a mí con el ambarino oscuro? No lo sé, pero todos guardamos fragmentos de un destino por el que pasaremos sí o sí. Y no pretendo ir de místico. Hablo de la percepción en imágenes de lo que seremos, o de lo que queremos ser. No sé, tal vez todos los encuentros con ese ambarino sean una prematura cadena de vivencias que frecuento hoy, no sin asombro. Aunque pueda parecer una tontería, pero el destino es caprichoso, como el humo, y está ahí para ponernos en el lugar idóneo una vez hayamos recogido aquello por lo que luchar, o mejor decir que es la cosecha tardía cuando se siembra algo prematuramente. Todos son cábalas y las piezas de un rompecabezas que no entenderemos bien del todo hasta que nos pase aquello por lo que vivimos. Es como observar en distintas partes del tiempo lo que seremos. 

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