Capplannetta y la sed

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La vida, solamente la vida, nada más que eso. Después vendrá la sed, la sed desde los portales adentro, la sed que te persigue como un pensamiento redundante, sed de borracho, sed de resaca, sed de olvido. Pasan los años entre alegrías y penas, cuando ya nada quede, te quedará la vida, solamente la vida, nada más que eso. Hay momentos en la vida que pierdes la esperanza, y para renovarla tienes que llenarte de ilusión, si se te pudrió la pasión a fuerza de desengaños y cautiverios. Di no a la soberbia, di no a la prepotencia, a todo eso que te duele di siempre no. La vida es un momento, también la ilusión, aunque por ésta vivimos y recuperamos lo que perdimos, como un putrefacto lamento conservado en la sed de los corazones que juegan a no ser nadie, a no ser nada, acaban con la identidad bastarda y cuentan sus dolores a cualquier hijo de vecino. Y se arremeten contra el agua estancada, buscan agua viva, sin ser turbia, ni yodada como la mar repleta de salitre. Sed de vivir, pecado de comer, paz que te quitas, plenitud que te conceden, hostilidad que te pones, los restos del naufragio son rastro de lo que hubo, aunque quede maltrecho en el tiempo, aunque sea una farsa la ciudad decorada de luces de colores. Nos hacemos de rabia y coraje y vendrán los años sin nada que ofrecer, quizá sean peores y lo pierdas todo. Entonces la vida, solamente la vida, nada más que eso. La sed te aminorará el ánimo, la sed, siempre la sed, habiendo tanto tiempo por beber ¿porqué la sed? ¿Porqué? La sed es verdadera. La sed busca desesperada ser saciada en los lugares más insospechados. En los lugares secos contradictoriamente. 

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